Una hora de oración sin un pensamiento de Dios. Apenas me di cuenta, el tiempo pasó. Sonaron las cinco en el reloj y ya llevaba una hora de rodillas… ¿Y la oración? No sé…, no la hice. Estuve pensando en mí mismo, en mis sufrimientos personales, en los recuerdos del mundo. ¿Y Jesús? Y ¿María? Nada… Sólo tengo egoísmo, poca fe y mucha soberbia… ¡Tan importante me creo! ¡Tanto me considero!
¡Pobrecillo!, polvillo insignificante a los ojos de Dios. Ya que no sepas sacar fruto de la oración, aprende a humillarte delante de Él, y así luego lo harás mejor delante de los hombres.
Señor, tened piedad de mi... Sufro, sí..., pero quisiera que mi sufrimiento no fuera tan egoísta. Quisiera, Señor, sufrir por tus dolores de la Cruz, por los olvidos de los hombres, por los pecados propios y ajenos..., por todo, mi Dios, menos por mí... ¿Qué importo yo en la creación?; Qué so delante de Ti?... ¿Qué representa mi vida oculta en la infinita eternidad?... Si me olvidara de mí mismo, mejor sería Señor.
No tengo nada más que un refinado amor propio, y vuelvo a repetir, mucho egoísmo.
Procuraré con la ayuda de María enmendarme. Haré el propósito de que cada vez que un recuerdo del mundo venga a turbarme, acudir a Ti, Virgen María, y rezarte una Salve por todos los que en el mundo te ofenden.
En lugar de meditar mis sufrimientos..., meditar en el agradecimiento, a amar a Dios en mis propias miserias.
Perseveraré en la oración, aunque pierda el tiempo.
29-12-1937
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De San Rafael
"Si vieras que Jesús te llamaba...y te mirase con esos ojos que desprendían amor, ternura, perdón y te dijese : Por qué no me sigues......? "
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viernes, 28 de enero de 2011
Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla
Todo va cambiando en mi alma. Lo que antes me hacia sufrir..., ahora me es indiferente; en cambio, voy encontrando repliegues en mi corazón que estaban escondidos, y que ahora salen a la luz.
En primer lugar, lo que antes me humillaba, ahora casi me causa risa. Ya no me importa mi situación de oblato en el monasterio... Alguna vez miro con cierta envidia la cogulla, pero me alegraría si me dieran la capa de oblato y me quitaran la de novicio (1). Veo que el último lugar es el mejor de todos; me alegro de no ser nada ni nadie; estoy encantado con mi enfermedad que me da motivos para padecer físicamente y moralmente. Pero lo más general es que me traiga sin cuidado, y no me importe nada, ni la capa, ni la cogulla..., (2) y el lugar veo que es lo de menos...
Mi enfermedad..., ¿qué más me da comer solo que acompañado, lentejas que patatas, padecer hambre o sed, vivir hacia la derecha o hacia la izquierda?
Todo me es igual. Sólo quiero amar a Dios y cumplir su voluntad...¿Qué hay fuera de eso? Vanidad..., aire..., deseos pueriles de hombre.
Antes sufría al yerme solo. Bendita soledad, Señor, en que me pones... No quiero que me hable ninguna criatura. ¿Qué me pueden decir que Tú desde tu Cruz, no me enseñes?
Cuando tengo una duda, o algo en que estoy incierto, cuando me aprieta una tentación o me dejo llevar de alguna flaqueza..., procuro hacer un acto de humildad a los pies de tu Cruz, y besando tu divina sangre que escurre de las llagas de tus pies por el madero..., pedirte protección, ayuda y consejo..., lo que Tú me inspiras en aquel momento, eso hago.
Bendita soledad en la que Tú sólo recoges mis penas. En la que Tú sólo recibes mis lágrimas, y para quien sólo son mis fervores, mis ansias de tu amor, mis deseos de padecer una partecica de tu cruz.
Ya no me quejo de nada, Señor... Sólo quiero hacer tu voluntad y creo, Señor, en la obediencia humilde, cumplirla.
Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, sin cosas extraordinarias..., muy oculto a los hombres mi amor por Ti...
En primer lugar, lo que antes me humillaba, ahora casi me causa risa. Ya no me importa mi situación de oblato en el monasterio... Alguna vez miro con cierta envidia la cogulla, pero me alegraría si me dieran la capa de oblato y me quitaran la de novicio (1). Veo que el último lugar es el mejor de todos; me alegro de no ser nada ni nadie; estoy encantado con mi enfermedad que me da motivos para padecer físicamente y moralmente. Pero lo más general es que me traiga sin cuidado, y no me importe nada, ni la capa, ni la cogulla..., (2) y el lugar veo que es lo de menos...
Mi enfermedad..., ¿qué más me da comer solo que acompañado, lentejas que patatas, padecer hambre o sed, vivir hacia la derecha o hacia la izquierda?
Todo me es igual. Sólo quiero amar a Dios y cumplir su voluntad...¿Qué hay fuera de eso? Vanidad..., aire..., deseos pueriles de hombre.
Antes sufría al yerme solo. Bendita soledad, Señor, en que me pones... No quiero que me hable ninguna criatura. ¿Qué me pueden decir que Tú desde tu Cruz, no me enseñes?
Cuando tengo una duda, o algo en que estoy incierto, cuando me aprieta una tentación o me dejo llevar de alguna flaqueza..., procuro hacer un acto de humildad a los pies de tu Cruz, y besando tu divina sangre que escurre de las llagas de tus pies por el madero..., pedirte protección, ayuda y consejo..., lo que Tú me inspiras en aquel momento, eso hago.
Bendita soledad en la que Tú sólo recoges mis penas. En la que Tú sólo recibes mis lágrimas, y para quien sólo son mis fervores, mis ansias de tu amor, mis deseos de padecer una partecica de tu cruz.
Ya no me quejo de nada, Señor... Sólo quiero hacer tu voluntad y creo, Señor, en la obediencia humilde, cumplirla.
Sólo pretendo vivir una vida muy sencilla, sin cosas extraordinarias..., muy oculto a los hombres mi amor por Ti...
lunes, 17 de enero de 2011
NOVENA A SAN RAFAEL ARNÁIZ
Comenzar todos los días de la novena rezando el acto de contrición. Rezar a continuación la oración del día que corresponda:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
DÍA PRIMERO
¡Qué grande es Dios! A ti te da el Señor en mí un hermano, y a mí me da en ti un alma a quien ayudar para que practique esa caridad que Jesús nos ha enseñado: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado". ¡Qué consuelo tan grande, es verse amado por Cristo y en Cristo, sobre todo cuando estamos en desolación, y el Señor nos da una prueba! Besa con cariño inmenso la mano bendita de Dios, que da la salud cuando quiere y la quita cuando le place.
En mis oraciones delante de la Virgen María, allí, bajo su manto, a Ella, de quien recibimos todo, le pido por ti. La Virgen María me atiende siempre cuando es bueno le que le pido.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SEGUNDO
No temas; el Señor me ha puesto en tu camino; para algo será... ¿Te puedo ayudar?; pues te ayudo: es un consuelo que el Señor me da, y muy grande. ¿Necesitas un apoyo material, quizás un consuelo humano?; pues sea: el Señor así lo ha dispuesto. No hay dolor que no tenga compensación en esta o en la otra vida, y que, en realidad, para ganar el Cielo se nos pide muy poco.
¡Cómo me consuela saber que has llorado a los pies de la Virgen! ¿Verdad que Ella consuela? Te aseguro que de la Virgen lo espero todo. ¡Si vieras!... ¡Es tan buena la Virgen! No hay pena que Ella no dulcifique, no hay alegría que Ella no santifique.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA TERCERO
Si con sencillez me dices que yo puedo ayudarte, también sencillamente te diré que todo lo que soy y puedo lo tienes ya; me uno a tus oraciones. Muchas veces al pensar en el "Pedid y recibiréis" y en lo miserables que somos, incluso en el pedirle a Dios, me decía: "Señor, nada os pido"; pero en ese nada tan seco va encerrado todo lo que me podéis dar, y que yo no acierto a comprender. Como veis, Señor, nada os pido, y sin embargo os lo pido todo.
Con Jesús y María a mi lado lo puedo todo. ¡Sería todo tan fácil si acudiéramos a la Señora! A mí me ha sacado adelante en muchas ocasiones.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA CUARTO
Dios me ha escuchado y me escucha; lo sé y lo veo... Sabía que Dios me quería, ¡pero podamos hacer algo: quisiera que a mi alrededor no hubiera más que almas que le amaran mucho. ¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a Maria! A mí no me negó nada desde el primer día de mi vida religiosa.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA QUINTO
Verdaderamente que vuestra situación es apurada, pero ten fe y confía: el Señor, cuando a El se le deja hacer, no hace las cosas a medias, y, o todo termina pronto, o lo arregla. ¡Qué más da, si es El el que lo dispone! Animo, querido hermano; no quieras aliviar tu sufrimiento, tampoco quieras aumentarlo, no quieras nada. ¡Qué bueno es tener que sufrir!... No te quiero quitar nada, pero estoy a tu lado en todo. Ya verás como todo se arregla..., y se arregla bien, estoy seguro.
Te aseguro que si acudiéramos siempre a María seria otra cosa de nosotros. A mí siempre me ha servido de mucho; casi todo se lo debo a Ella, hasta mi vocación. Ya verás como la Virgen os ha de arreglar vuestros asuntos, estoy seguro. Mira: tienes que ayudarme junto a Ella; más podrán dos que uno.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SEXTO
¡Bendito sea el Señor! ¡Qué cosas hace! Nosotros no sabemos; pero, aunque parece que desencadena sobre la Humanidad la cruz y el dolor, ¡qué suaves se hacen éstos cuando vemos que el Señor es el que lo hace! ¡Si vieras..., es tan agradable y tan dulce estar en las manos de Dios! No te apures, no llores ni te aflijas por "penas que pasan", y aunque no pasaran y en la cruz tuviéramos que estar hasta el fin del mundo, ¡es tan bueno Jesús y tanto nos ama!
Todo, absolutamente todo, en nuestra vida está en manos de María; de manera que no hay que preocuparse, que Ella lo arreglará todo: ponte en sus manos y confía.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SÉPTIMO
Pobre alma que sufres..., ¿buscas descanso? Ni en nada ni en nadie lo hallarás; cállate un poquito, busca un sitio en tu alma, muy oculto, muy silencioso, y en él pon un poco de amor a Jesús, y, ya verás, ni penas ni alegrías turbarán tu paz, y aun la espera se hace dulce, ¡Jesús en el alma! Todo, todo se arregla mirando a Jesús.
Todos, todos llevamos dentro algo que, después de Dios, sólo María puede comprender y puede consolar: ese algo es criatura, ese algo es necesidad humana, es cariño, a veces dolor, ese algo que Dios puso en nuestras almas, y que las criaturas no pueden llenar, para que así busquemos a María; a María, que fue Esposa, que fue Madre, que fue mujer. ¿Quién mejor que Ella para comprender, para ayudar, para consolar, para fortalecer?
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA OCTAVO
"Bienaventurados los que lloran", dijo Jesús en la tierra, a orillas del lago, y una turba de enfermos, tullidos, pobres y pecadores le seguían. Y yo creo que al posar en Jesús los ojos, teñidos antes por el llanto, ahora reían gozosos y bendecían sus lacras y sus miserias, que era lo que les unía a Jesús. Y Jesús curaba, y Jesús consolaba, y Jesús, el tierno Jesús, perdonaba.
La escena se repite; sólo que Jesús no está en persona en el lago Tiberíades, Jesús está en el Sagrario. Allí recibe a sus amigos, allí los consuela, los cura y los perdona. ¡Qué intimidad tan grande la de Jesús con los que lloran! ¡Benditas lágrimas, penas y enfermedades, que son nuestro tesoro!
¡Qué bueno y qué grande es Dios, que nos ofrece el corazón de María como si fuese el suyo! ¡Qué bien conoce nuestra miserias que nos pone ese puente... que es María!
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA NOVENO
Dios me lleva de la mano por un campo donde hay lágrimas, donde hay guerras, hay penas y miserias, santos y pecadores; me pone cerca de la Cruz y, enseñándome con la mirada todo eso, me dice: "Todo eso es mío, no lo desprecies; ama a las criaturas, que son mías". ¡Qué alegría tan grande es verse querido de Dios, contarse en el número de sus amigos, seguirle paso a paso en Jerusalén con los ojos fijos en su rostro!
Sólo puedo decirte que con la ayuda de María lo que podemos hacer es esperar. ¡Qué dulce es esperar para el que espera! ¡Qué dulce es esperar con los ojos cerrados y el corazón abierto! jQué dulce es esperar pensando en Dios y debajo del manto de María! Sí, querido hermano, "en sólo Dios tengo puesta mi esperanza", y esa esperanza es Maria".
Terminar con la oración final de todos los días.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Señor Omnipotente, que glorificas a los humildes y abates a los soberbios, te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre ensalces la memoria de tu Siervo Rafael, concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria, Credo y Salve.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
DÍA PRIMERO
¡Qué grande es Dios! A ti te da el Señor en mí un hermano, y a mí me da en ti un alma a quien ayudar para que practique esa caridad que Jesús nos ha enseñado: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado". ¡Qué consuelo tan grande, es verse amado por Cristo y en Cristo, sobre todo cuando estamos en desolación, y el Señor nos da una prueba! Besa con cariño inmenso la mano bendita de Dios, que da la salud cuando quiere y la quita cuando le place.
En mis oraciones delante de la Virgen María, allí, bajo su manto, a Ella, de quien recibimos todo, le pido por ti. La Virgen María me atiende siempre cuando es bueno le que le pido.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SEGUNDO
No temas; el Señor me ha puesto en tu camino; para algo será... ¿Te puedo ayudar?; pues te ayudo: es un consuelo que el Señor me da, y muy grande. ¿Necesitas un apoyo material, quizás un consuelo humano?; pues sea: el Señor así lo ha dispuesto. No hay dolor que no tenga compensación en esta o en la otra vida, y que, en realidad, para ganar el Cielo se nos pide muy poco.
¡Cómo me consuela saber que has llorado a los pies de la Virgen! ¿Verdad que Ella consuela? Te aseguro que de la Virgen lo espero todo. ¡Si vieras!... ¡Es tan buena la Virgen! No hay pena que Ella no dulcifique, no hay alegría que Ella no santifique.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA TERCERO
Si con sencillez me dices que yo puedo ayudarte, también sencillamente te diré que todo lo que soy y puedo lo tienes ya; me uno a tus oraciones. Muchas veces al pensar en el "Pedid y recibiréis" y en lo miserables que somos, incluso en el pedirle a Dios, me decía: "Señor, nada os pido"; pero en ese nada tan seco va encerrado todo lo que me podéis dar, y que yo no acierto a comprender. Como veis, Señor, nada os pido, y sin embargo os lo pido todo.
Con Jesús y María a mi lado lo puedo todo. ¡Sería todo tan fácil si acudiéramos a la Señora! A mí me ha sacado adelante en muchas ocasiones.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA CUARTO
Dios me ha escuchado y me escucha; lo sé y lo veo... Sabía que Dios me quería, ¡pero podamos hacer algo: quisiera que a mi alrededor no hubiera más que almas que le amaran mucho. ¡Qué bueno es el Señor, qué sencillos sus caminos! Parece que está esperando que tengamos cualquier dificultad para alargarnos una mano y tendernos su ayuda. Te aseguro que es muy dulce abandonarse en manos de tan buen Padre.
Ama mucho a la Virgen, y esto te ayudará para amar a Dios. ¡Qué suave y dulce es consagrarse a Maria! A mí no me negó nada desde el primer día de mi vida religiosa.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA QUINTO
Verdaderamente que vuestra situación es apurada, pero ten fe y confía: el Señor, cuando a El se le deja hacer, no hace las cosas a medias, y, o todo termina pronto, o lo arregla. ¡Qué más da, si es El el que lo dispone! Animo, querido hermano; no quieras aliviar tu sufrimiento, tampoco quieras aumentarlo, no quieras nada. ¡Qué bueno es tener que sufrir!... No te quiero quitar nada, pero estoy a tu lado en todo. Ya verás como todo se arregla..., y se arregla bien, estoy seguro.
Te aseguro que si acudiéramos siempre a María seria otra cosa de nosotros. A mí siempre me ha servido de mucho; casi todo se lo debo a Ella, hasta mi vocación. Ya verás como la Virgen os ha de arreglar vuestros asuntos, estoy seguro. Mira: tienes que ayudarme junto a Ella; más podrán dos que uno.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SEXTO
¡Bendito sea el Señor! ¡Qué cosas hace! Nosotros no sabemos; pero, aunque parece que desencadena sobre la Humanidad la cruz y el dolor, ¡qué suaves se hacen éstos cuando vemos que el Señor es el que lo hace! ¡Si vieras..., es tan agradable y tan dulce estar en las manos de Dios! No te apures, no llores ni te aflijas por "penas que pasan", y aunque no pasaran y en la cruz tuviéramos que estar hasta el fin del mundo, ¡es tan bueno Jesús y tanto nos ama!
Todo, absolutamente todo, en nuestra vida está en manos de María; de manera que no hay que preocuparse, que Ella lo arreglará todo: ponte en sus manos y confía.
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA SÉPTIMO
Pobre alma que sufres..., ¿buscas descanso? Ni en nada ni en nadie lo hallarás; cállate un poquito, busca un sitio en tu alma, muy oculto, muy silencioso, y en él pon un poco de amor a Jesús, y, ya verás, ni penas ni alegrías turbarán tu paz, y aun la espera se hace dulce, ¡Jesús en el alma! Todo, todo se arregla mirando a Jesús.
Todos, todos llevamos dentro algo que, después de Dios, sólo María puede comprender y puede consolar: ese algo es criatura, ese algo es necesidad humana, es cariño, a veces dolor, ese algo que Dios puso en nuestras almas, y que las criaturas no pueden llenar, para que así busquemos a María; a María, que fue Esposa, que fue Madre, que fue mujer. ¿Quién mejor que Ella para comprender, para ayudar, para consolar, para fortalecer?
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA OCTAVO
"Bienaventurados los que lloran", dijo Jesús en la tierra, a orillas del lago, y una turba de enfermos, tullidos, pobres y pecadores le seguían. Y yo creo que al posar en Jesús los ojos, teñidos antes por el llanto, ahora reían gozosos y bendecían sus lacras y sus miserias, que era lo que les unía a Jesús. Y Jesús curaba, y Jesús consolaba, y Jesús, el tierno Jesús, perdonaba.
La escena se repite; sólo que Jesús no está en persona en el lago Tiberíades, Jesús está en el Sagrario. Allí recibe a sus amigos, allí los consuela, los cura y los perdona. ¡Qué intimidad tan grande la de Jesús con los que lloran! ¡Benditas lágrimas, penas y enfermedades, que son nuestro tesoro!
¡Qué bueno y qué grande es Dios, que nos ofrece el corazón de María como si fuese el suyo! ¡Qué bien conoce nuestra miserias que nos pone ese puente... que es María!
Terminar con la oración final de todos los días.
DÍA NOVENO
Dios me lleva de la mano por un campo donde hay lágrimas, donde hay guerras, hay penas y miserias, santos y pecadores; me pone cerca de la Cruz y, enseñándome con la mirada todo eso, me dice: "Todo eso es mío, no lo desprecies; ama a las criaturas, que son mías". ¡Qué alegría tan grande es verse querido de Dios, contarse en el número de sus amigos, seguirle paso a paso en Jerusalén con los ojos fijos en su rostro!
Sólo puedo decirte que con la ayuda de María lo que podemos hacer es esperar. ¡Qué dulce es esperar para el que espera! ¡Qué dulce es esperar con los ojos cerrados y el corazón abierto! jQué dulce es esperar pensando en Dios y debajo del manto de María! Sí, querido hermano, "en sólo Dios tengo puesta mi esperanza", y esa esperanza es Maria".
Terminar con la oración final de todos los días.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Señor Omnipotente, que glorificas a los humildes y abates a los soberbios, te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre ensalces la memoria de tu Siervo Rafael, concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria, Credo y Salve.
martes, 11 de enero de 2011
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Máximas esprituales

Algunas máximas espirituales del Beato Fray María Rafael
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!
La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.
El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?
Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.
¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!
ORACIÓN
Señor omnipotente
que glorificas a los humildes
y abates a los soberbios,
te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre
ensalces la memoria de San Rafael,
concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo,
que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor,
que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
De Catholic.net
viernes, 19 de noviembre de 2010
Algo escrito por Rafael

"Escribo estas cosas tal como se me ocurren..., quizás no sean pensamientos profundos ni de grandezas, lejos de mí suponerlas tales, lo que sí quiero que sean es el fiel reflejo de lo que pienso , de mi manera de ver y sentir las cosas.
Cuando cojo la pluma y pienso, un poco antes, lo que voy a decir, al ver que mi único pensamiento es hablar de Dios y siempre de Dios..., me siento tan pequeño, que me dan ganas de cerrar el cuaderno y dejar las páginas en blanco, que así seguramente dirán, más expresivamente que yo, con mis torpes palabras, la grandeza de Dios…
Mis escritos son al mismo tiempo reflexiones conmigo mismo y oraciones a Dios. Mis impresiones de lo que mis ojos ven por el mundo en donde estoy, están vistas a través del prisma de Dios... No lo puedo ver de otra forma, ni lo quiero tampoco…
Si me impresiona un paisaje, es porque en él veo a Dios, y los colores, los vientos y el sol, son obras suyas. Alabémosle, pues. En las criaturas, o sea, lo mismo en los hombres que en los seres irracionales, también veo a Dios. En la grandeza de las almas para alabarle, y en las miserias de los cuerpos para implorarle.... En los actos de la vida, también veo a Dios..."
viernes, 5 de noviembre de 2010
Lista de propositos que queria seguir Rafael
Día 1º de enero de 1938.
En la oración de esta mañana he hecho un voto. He hecho el voto de amar siempre a Jesús.
Me he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso..., no soy seglar..., no soy nada... Bendito Dios, no soy nada más que un alma enamorada de Cristo. Él no quiere más que mi amor, y lo quiere desprendido de todo y de todos.
Virgen María, ayúdame a cumplir mi voto.
Amar a Jesús, en todo, por todo y siempre... Sólo amor. Amor humilde, generoso, desprendido, mortificado, en silencio… Que mi vida no sea más que un acto de amor.
Bien veo que la voluntad de Dios, es que no haga los votos religiosos, ni seguir la Regla de san Benito. ¿He de querer yo lo que no quiere Dios?
Jesús me manda una enfermedad incurable; es su voluntad que humille mi soberbia ante las miserias de mi carne. Dios me envía la enfermedad. ¿No he de amar todo lo que Jesús me envíe?
Beso con inmenso cariño la mano bendita de Dios que da la salud cuando quiere, y la quita cuando le place.
Decía Job, que pues recibimos con alegría los bienes de Dios, ¿por qué no hemos de recibir así los males? ¿Mas acaso todo eso me impide amarle?... No..., con locura debo hacerlo.
Vida de amor, he aquí mi Regla..., mi voto... He aquí la única razón de vivir.
Empieza el año 1938. ¿Qué me prepara Dios en él? No lo sé... ¿Quizás no me importe?... Menos ofenderle me da lo mismo todo... Soy de Dios, que haga conmigo lo que quiera. Yo hoy le ofrezco un nuevo año, en el que no quiero que reine más que una vida de sacrificio, de abnegación, de desprendimiento, y guiada solamente por el amor a Jesús..., por un amor muy grande y muy puro.
Quisiera mi Señor, amarte como nadie. Quisiera pasar esta vida, tocando el suelo solamente con los pies. Sin detenerme a mirar tanta miseria, sin detenerme en ninguna criatura. Con el corazón abrasado en amor divino y mantenido de esperanza.
Quisiera Señor, mirar solamente al cielo, donde Tú me esperas, donde está María, donde están los santos y los ángeles, bendiciéndote por una eternidad, y pasaron por el mundo solamente amando tu ley y observando tus divinos preceptos.
¡Ah!, Señor, cuánto quisiera amarte. ¡Ayúdame, Madre mía!.
He de amar la soledad, pues Dios en ella me pone.
He de obedecer a ciegas, pues Dios es el que me ordena.
He de mortificar continuamente mis sentidos.
He de tener paciencia en la vida de comunidad.
He de ejercitarme en la humildad.
He de hacer todo por Dios y por María.
En la oración de esta mañana he hecho un voto. He hecho el voto de amar siempre a Jesús.
Me he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso..., no soy seglar..., no soy nada... Bendito Dios, no soy nada más que un alma enamorada de Cristo. Él no quiere más que mi amor, y lo quiere desprendido de todo y de todos.
Virgen María, ayúdame a cumplir mi voto.
Amar a Jesús, en todo, por todo y siempre... Sólo amor. Amor humilde, generoso, desprendido, mortificado, en silencio… Que mi vida no sea más que un acto de amor.
Bien veo que la voluntad de Dios, es que no haga los votos religiosos, ni seguir la Regla de san Benito. ¿He de querer yo lo que no quiere Dios?
Jesús me manda una enfermedad incurable; es su voluntad que humille mi soberbia ante las miserias de mi carne. Dios me envía la enfermedad. ¿No he de amar todo lo que Jesús me envíe?
Beso con inmenso cariño la mano bendita de Dios que da la salud cuando quiere, y la quita cuando le place.
Decía Job, que pues recibimos con alegría los bienes de Dios, ¿por qué no hemos de recibir así los males? ¿Mas acaso todo eso me impide amarle?... No..., con locura debo hacerlo.
Vida de amor, he aquí mi Regla..., mi voto... He aquí la única razón de vivir.
Empieza el año 1938. ¿Qué me prepara Dios en él? No lo sé... ¿Quizás no me importe?... Menos ofenderle me da lo mismo todo... Soy de Dios, que haga conmigo lo que quiera. Yo hoy le ofrezco un nuevo año, en el que no quiero que reine más que una vida de sacrificio, de abnegación, de desprendimiento, y guiada solamente por el amor a Jesús..., por un amor muy grande y muy puro.
Quisiera mi Señor, amarte como nadie. Quisiera pasar esta vida, tocando el suelo solamente con los pies. Sin detenerme a mirar tanta miseria, sin detenerme en ninguna criatura. Con el corazón abrasado en amor divino y mantenido de esperanza.
Quisiera Señor, mirar solamente al cielo, donde Tú me esperas, donde está María, donde están los santos y los ángeles, bendiciéndote por una eternidad, y pasaron por el mundo solamente amando tu ley y observando tus divinos preceptos.
¡Ah!, Señor, cuánto quisiera amarte. ¡Ayúdame, Madre mía!.
He de amar la soledad, pues Dios en ella me pone.
He de obedecer a ciegas, pues Dios es el que me ordena.
He de mortificar continuamente mis sentidos.
He de tener paciencia en la vida de comunidad.
He de ejercitarme en la humildad.
He de hacer todo por Dios y por María.
lunes, 1 de noviembre de 2010
MÁXIMAS ESPIRITUALES DE SAN RAFAEL ARNÁIZ

Qué grande es Dios! ¡Qué bien ordena los acontecimientos siempre para su gloria!
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!
La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.
El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?
¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo...! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo.
Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama.
La única verdad es... Cristo.
He hecho el votó de amar siempre a Jesús. Virgen Maria, ayúdame a cumplir mi voto.
Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre.
No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a Maria.
Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.
¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!
lunes, 7 de junio de 2010
Acerca de lo que ocurre en la Iglesia ...

Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos) - Año 2010
Autor: Padre Roger J. Landry
La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.
Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.
No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.
Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.
Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.
En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.
Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.
El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.
Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.
Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.
San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.
Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."
Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?
Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."
¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa , por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.
Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!
Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.
Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.
Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.
Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!
¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.
Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.
Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.
Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes."Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco.
A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.
Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.
Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!
Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.
Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.
En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:
"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"
Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?
El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará. La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo.
¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.
¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.
Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.
Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.
Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?
domingo, 23 de mayo de 2010
Los dones del Espíritu Santo

Los siete dones del Espíritu Santo:
Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.
1.SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.
2.ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.
3.CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.
4.CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.
5.FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.
6.PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.
7.TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.
martes, 27 de abril de 2010
Festividad: 26 de abril
Qué grande es Dios! ¡Qué bien ordena los acontecimientos siempre para su gloria!
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!
La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.
El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?
¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo...! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo.
Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama.
La única verdad es... Cristo.
He hecho el votó de amar siempre a Jesús. Virgen Maria, ayúdame a cumplir mi voto.
Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre.
No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a Maria.
Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.
¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!
__________
¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda!
La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios.
El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo?
¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo...! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo.
Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama.
La única verdad es... Cristo.
He hecho el votó de amar siempre a Jesús. Virgen Maria, ayúdame a cumplir mi voto.
Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre.
No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a Maria.
Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina.
¡Qué grande es Dios, qué dulce es María!
__________
lunes, 26 de abril de 2010
Un milagro reciente !!

La mamá de la chica que me ayuda en casa estaba con la cadera fracturada a raíz de una caída. Estaban esperando la llegada de la prótesis para operarla, tanto tardaba en llegar que comenzó a tener complicaciones pulmonares debido a la posición en la cama, en el Hospital, hasta se le había comenzado a llagar la cola por estar apoyada siempre del mismo modo, casi no se la podía mover pues los dolores eran terribles.
Hoy la llamaron para decirle que en las nuevas radiografías había salido el hueso soldado, que los médicos no entienden cómo sucedió eso. Mañana regresa a su casa.
Es un milagro de Dios, Nuestro Dulcísimo Señor, Él atendió nuestras oraciones y sanó a la señora.
Sea por siempre bendito y alabado,
todo el honor y toda la gloria por siempre para Él.
Con amor en Cristo
María
sábado, 3 de abril de 2010
Oración a Cristo en la Cruz

Oración a Cristo en la Cruz
Oh Señor
¿cómo pueden los hombres verte en la Cruz clavado
y dejarte allí abandonado?
Cómo pueden mirarte y no amarte
ni prestar oídos a Tus Latidos
que llaman con purísimo amor no correspondido
a los hombres que ingratos, despiadados y llenos de pecados
te hemos por completo olvidado o negado
De Vos, Nuestro Dios, nos avergonzamos
y juntos en la Cruz te hemos colgado
Tus Santas Llagas nos muestras
como mudo Amor por respuesta
que das Tu Vida por la nuestra
Tu Precioso Rostro, Señor, ya no reconozco
todo bañado de Sangre y polvo
por Tus Ojos se escapa la vida
pero todavía me miras con ternura infinita
para en plegaria de amor decirme
"No voy a irme, si en Mí tu vives"
Y yo Señor quiero abrazarte
y así de la Cruz bajarte
para ocupar el lugar que por mí ocupaste
pues a pesar de ser tan miserable
no quiero ya más permitir este ultraje
A mi Rey vestido de Sangre
¡cómo puedo no amarle!
si frente a Tí vengo a postrarme
para traspasar con mi pobre amor Tu Santa Carne
y así consolarte deshaciendo mi existencia en Tí
para sólo en Tí vivir y decirte así, siempre si
Amén.
viernes, 26 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
martes, 23 de marzo de 2010
Cardenal Rouco: san Rafael Arnáiz, modelo realista para la juventud de hoy

«Modelo realista para la juventud de hoy». Es san Rafael Arnáiz, de 27 años, canonizado ayer por Benedicto XVI. Al presidir hoy en la basílica vaticana la Eucaristía de acción de gracias por el nuevo santo, el cardenal Antonio María Rouco Varela –arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal española- ha indicado el ejemplo del hermano Rafael para los jóvenes, quienes sólo reciben mensajes de éxito fácil y están colmados de soledad y vacío interior que no encuentra respuestas en las propuestas del poder o de las ciencias de este mundo. Son «jóvenes que en el fondo tienen sed del Dios vivo», advierte el purpurado.
Ante el altar de la cátedra, en la basílica de San Pedro, se contaron numerosos jóvenes en esta celebración, junto a familias, niños, muchísimos peregrinos, y hombres y mujeres que viven su consagración en el Císter. El saludo del cardenal Rouco se dirigió también a las autoridades civiles y religiosas presentes, entre ellas el embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez. Concelebraron una veintena de obispos españoles y cuarenta sacerdotes; en el presbiterio igualmente el abad de la trapa palentina del hermano Rafael, de Venta de Baños.
San Rafael Arnáiz vivió siempre «desde el amor de Dios» -trazó el cardenal Rouco en su homilía-; el «camino de renuncia, como Jesús; de humildad»; camino que es el «del amor del crucificado y resucitado, que lleva a la gloria», consciente de que «las penas de la vida son suaves cadenas que nos unen a Jesús».
El hermano Rafael ofrece una clave de plena actualidad: «conocer la sabiduría de la cruz, que es conocer la sabiduría del amor», subrayó en declaraciones a COPE el cardenal Antonio María Rouco Varela.
«Es un joven de hoy». Desde el punto de vista histórico «san Rafael fue canonizado ayer por el Papa, pero su vida es del siglo XX. Muere en vísperas de la Segunda guerra mundial, cuando estaba ya concluyendo la guerra civil. Y ese tiempo es el nuestro, sigue siendo el nuestro».
La vida de san Rafael Arnáiz «está inmersa en la experiencia humana y espiritual de nuestro tiempo»: vivió en su juventud, «aquella generación joven de hace setenta años, como un gran descubrimiento de Cristo como salvador del hombre, y lo vivió con todo su ser, con toda su vida, hasta con su cuerpo; lo vivió identificándose con la cruz, y lo vivió como una respuesta no sólo para su vida -para toda la gran problemática que él atravesaba y sentía,- sino como una respuesta para los jóvenes de entonces, traídos y llevados por ideologías muy radicales, todas anticristianas, más aún, ateas, que presentaban a los hombres una especie de proyecto de futuro para sus vidas configurado por el ideal del superhombre, que estaba de moda. Recordemos lo que fue el fascismo, el comunismo y el nacionalsocialismo, y a sus líderes, para comprender que la fuerza de esas ideologías llegaba por otro lado a una juventud destrozada por una guerra, sin muchos horizontes de vida. La alternativa que representaba el mundo liberal de la época era el triunfo material. Y aquello terminó en un fracaso tremendo», sintetizó el purpurado.
A tales jóvenes el hermano Rafael les dice: «"Buscad el camino de Cristo", y él lo busca y lo vive. No era conocido por mucha gente entonces, pero su influencia se produjo en su entorno inmediato y por supuesto fue enorme en la Trapa». Después de la guerra civil española y de la Segunda guerra mundial se supo de este joven monje cada vez más.
Es posible acercarse a su figura fácilmente «a través de sus escritos, y de quienes le han conocido o seguido, pues es también hoy una respuesta para los jóvenes de nuestro tiempo –subraya el cardenal Rouco a Cope-, quienes igualmente son tentados fuertemente por unas ideologías e ideales de vida que en el fondo giran también en torno al superhombre, un superhombre relativista, más anárquico, más adicto a una forma de vivir la libertad que se convierte en un ídolo que los destruye».
A los jóvenes de hoy les dice: «Tenéis el camino del amor abierto, el camino de la vida, el camino de la gloria. Naturalmente, asumiendo todo lo que sois y tenéis, primero de debilidad y pecado, de fragilidad física, pero también de buscadores de verdad y de felicidad». «Por eso san Rafael es de gran actualidad», recalca el cardenal arzobispo de Madrid.
«Será uno de nuestros copatronos en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2011 -apunta-; es un joven de este tiempo, por lo tanto lo tendremos muy en cuenta en la preparación y en las catequesis de las Jornadas. Y por su puesto en nuestra oración».
Con esta referencia había concluido minutos antes el cardenal Rouco su homilía en la basílica vaticana, pidiendo al intercesión de san Rafael Arnáiz, «joven de la España nuestra, de nuestros días», para que la JMJ «sea acontecimiento de gracia para todos los jóvenes» y que «tengan el ardor de los primeros testigos del Evangelio, firmes en la fe».
viernes, 19 de marzo de 2010
viernes, 5 de febrero de 2010
¿Quién piensa en ser apreciado de los hombres, cuando veo a mi Jesús desnudo en una Cruz?...

Hacer con sencillez lo que me manden. Obedecer con prontitud..., y esconder a todos, el pequeño volcán de mi corazón, que quisiera morir abrazado a la Cruz de Jesús..., mis deseos a veces de penitencias que no puedo cumplir...
Quisiera dormir en la escalera... Quisiera comer debajo de la mesa del Padre Abad. Quisiera andar vestido de un saco y una cuerda.. Quisiera, Señor, enmudecer por Ti toda la vida... Y quisiera a veces hacerme el loco y salir dando gritos por los claustros del monasterio..., arrastrarme a los pies de todos los religiosos... No sé, Señor, lo que yo haría si me dejaran..., a lo mejor nada.
¡Ah!, ¿quién piensa en blancas cogullas..., cuando veo a mi Jesús desnudo en una Cruz?... ¿Quién piensa en ser apreciado de los hombres, cuando veo a mi Jesús olvidado de sus amigos y despreciado y escupido en la calle de la amargura?...
¿Quién piensa en tener prudencia, cuando vemos a Jesús con una capa y un cetro de loco?... Señor, Señor, yo quisiera ser ese loco..., y recibir las risas y las burlas que Tú recibiste...
Quisiera, Señor, ser ese loco... No sé lo que digo..., pobre oblato trapense, cuya vida quieres Tú que se deslice en silencio, en oscuridad..., en sencillez... Sea, Señor, cumplida tu voluntad.
¡Pero no tardes, Señor! Mira que tu siervo Rafael tiene prisa de estar contigo..., de ver a María, tu Santísima Madre..., de cantar tus alabanzas con los santos y con los ángeles... ¡Ah!, Señor, ¿cuándo tendré que dejar de comer..., de dormir..., y de tratar con todos?
¡Qué hermosa profesión voy a hacer el día de mi muerte!... ¡Votos eternos de amor!... para siempre..., siempre... ¿Quién piensa en la tierra y en los hombres? Todo es perecedero, pequeño y deleznable... Sólo Dios... Todo lo externo es vanidad... Sólo Dios... El tiempo y el hombre pasan... Sólo Dios.
Sólo Dios... Sólo Dios... Sólo Dios... sea mi vida, y María mi buena Madre, me ayude a caminar en este valle de miserias. Así sea.
Ansias de Ti.

Mi vida quisiera que fuera un solo acto de amor..., un suspiro prolongado de ansias de Ti.
Quisiera que mi pobre y enferma vida, fuera una llama en la que se fueran consumiendo por amor... todos los sacrificios, todos los dolores, todas las renuncias, todas las soledades.
Quisiera que tu vida, fuera mi única Regla
Que tu "amor eucarístico" mi único alimento.
Tu evangelio mi único estudio.
Tu amor, mi única razón de vivir..
¡Quisiera dejar de vivir si vivir pudiera sin amarte!
Quisiera morir de amor, ya que sólo de amor vivir no puedo.
Quisiera, Señor…, volverme loco… Es angustioso vivir así.
¡Es tan doloroso querer amarte y no poder! Es tan triste arrastrar por el suelo del mundo la materia que es cárcel del alma que sólo suspira por Ti... ¡Ah!, Señor, morir o vivir, lo que Tú quieras…, pero por amor
Ni yo mismo sé lo que digo, ni lo que quiero... Ni sé si sufro, ni si gozo..., ni sé lo que quiero ni lo que hago.
Ampárame, Virgen María... Sé mi luz en las tinieblas que me rodean. Guíame en este camino en que ando solo, guiado solamente por mi deseo de amar entrañablemente a tu Hijo.
No me dejes, Madre mía. Ya sé que nada soy y que nada valgo. Miseria y pecados..., eso es lo único, y lo mejor, que puedo alegar para que tú atiendas mi oración.
La Humildad
31 de diciembre de 1937 - viernes
Me voy dando cuenta de que la virtud más práctica para tener paz en la vida de comunidad es la humildad.
La humildad delante de Dios, nos ayuda a la confianza, pues humildad es conocimiento de sí mismo, y ¿quién que se conozca a si mismo, puede esperar algo de si?... Loco sería si no lo esperase todo de Dios.
La humildad llena de paz nuestro trato con los hombres. Con ella no hay discusión, no hay envidia, no hay ofensa posible... ¿Quién puede ofender a la misma nada?
Le pido encarecidamente a María, me enseñe en lo que Ella fue maestra..., humilde ante Dios y ante los hombres.
«Hágase"
31-12-1937
Me voy dando cuenta de que la virtud más práctica para tener paz en la vida de comunidad es la humildad.
La humildad delante de Dios, nos ayuda a la confianza, pues humildad es conocimiento de sí mismo, y ¿quién que se conozca a si mismo, puede esperar algo de si?... Loco sería si no lo esperase todo de Dios.
La humildad llena de paz nuestro trato con los hombres. Con ella no hay discusión, no hay envidia, no hay ofensa posible... ¿Quién puede ofender a la misma nada?
Le pido encarecidamente a María, me enseñe en lo que Ella fue maestra..., humilde ante Dios y ante los hombres.
«Hágase"
31-12-1937
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San Rafael Arnaiz ruega por nosotros
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