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De San Rafael

"Si vieras que Jesús te llamaba...y te mirase con esos ojos que desprendían amor, ternura, perdón y te dijese : Por qué no me sigues......? "

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miércoles, 4 de agosto de 2010

Carta A su madre desde San Isidro de Dueñas



Queridísima madre: Hace solamente una hora que tu hijo ya no es Rafael a secas, se llama Fray María Rafael... ¿te alegras? Yo sé que sí, pues me sigo llamando como antes, pero añadiendo el nombre de la Santísima Virgen Maria y en vez de don..., Fray, que quiere decir hermano... Queridísima madre, estoy muy contento, hoy me han dado el hábito; me he emocionado mucho y no hago más que bendecir a Dios que tanto me quiere.
Te escribo hoy como un favor especial, y solamente para darte la noticia. Tu carta, con la que he gozado mucho, me la dio el Padre Maestro esta mañana después de la ceremonia, pues llegó precisamente el día que yo comenzaba a hacer ejercicios espirituales..., y no me la ha dado hasta hoy... Desde luego que te escribiré largo y tendido cuando pueda; ahora en la santa Cuaresma nos dedicamos a mucho más silencio, recogimiento y oración, y no se escriben ni se reciben cartas... Tendréis, pues, que esperar unos días.
Me ha dicho el Padre Maestro que no vengáis tan pronto, porque ahora hace mucho frío para pasarlo en la hospedería. En cambio, en junio, o así, está esto muy hermoso y agradable, de flores..., el campo espléndido, y por lo menos, no estaréis en la hospedería dando diente con diente.
Ya estoy todo de blanco, por lo menos por fuera; ahora voy a esforzarme en estarlo por dentro que es lo principal. Hoy he renovado todos mis buenos propósitos y resoluciones... Le he ofrecido a Jesús en la comunión mi sacrificio y el de mis padres, pues no creáis que os olvido; y después de yerme vestido de novicio y tan querido por mis hermanos, mi alma está tan contenta que no hace más que alabar a Dios en todo... Nadie sabe lo que es el corazón de un novicio lleno de amor de Dios... Queridísima madre es una cosa muy grande..., muy grande, que yo con palabras no puedo expresar.
Bien quisiera que mi carta fuera más larga, pero ya os he dicho las razones, pero no midáis mi cariño por la cantidad de pliegos..., básteos saber a vuestro hijo contento, alegre, como dices que quiere santa Teresa, que efectivamente decía que un santo triste es un triste santo..., pero no te preocupes que aquí en la Trapa es donde yo he visto mas alegría reunida... Y, además, Dios nos trata tan bien que no podemos estar tristes..., eso seria un pecado contra Él.
Ya estoy todo pelado como una bola de billar; bueno, como una bola de billar, no..., con un poco más de pelo.
En fin, tengo muchas cosas que contaros cuando vengáis... Lo que siento es, que cuando me veáis, no estaré tan limpio como hoy, que parezco un novicio recién desempaquetado.
Sabrás que he estado malo, te lo digo para que veas que no te oculta nada..., pero fue para hacer lo que todos mis hermanos, que estuvieron griposos, y todos nos hemos pasado dos o tres días en la enfermería. Por fortuna ya pasó la epidemia... No puedo expresarte con qué caridad tratan aquí a los enfermos. Yo esos días no hice el horario de la comunidad y, después, cuando se sale de la enfermería, te dan lo que se llaman alivios, esto es, huevos u otro extraordinario durante ocho días en la comida.
Te puedo asegurar que la vida es dura, pero está todo tan bien dispuesto que se hace no sólo llevadera, sino incluso agradable... Lo que da mucho calor es la capucha..., excuso decirte cuando llegue el verano..., me voy a ir derritiendo poco a poco, y un día van a buscar a Fray M. Rafael y no encuentran más que el hábito.
La capa, el escapulario, la túnica, la camisa, las medias y los escarpines, todo es de la misma tela, y del mismo género: de ana blanca; lo único diferente son los calzones que son más ásperos y de color pardo. Te aseguro que estoy muy cómodo.
Cada vez me convenzo más de que la Trapa la ha hecho Dios para mí y a mí para la Trapa; está visto que la única ciencia posible en el mundo es colocarnos donde Dios nos tenía destinados..., y una vez que hemos acertado a saber su voluntad, entregarnos a Él con todo el corazón.
La última oración que dije de seglar fueron Avemarías a la Virgen, y la primera que dije ya de novicio, no lo sé... porque cuando estaba yo en mitad del capítulo arrodillado, y todos mis hermanos los monjes, cantando solemnemente el Benedictus..., mi alma estaba delante de Dios, y le ofrecía mi sacrificio con el corazón rebosando alegría, pero con unas lágrimas como puños... Yo creo que los ángeles en aquel momento al yerme llorar también cantaban el Benedictus... Pero ahora ya me puedo morir contento..., ya soy trapense. Pídele a Dios mi perseverancia, que yo también pido por vosotros... A mi me ha de exigir mucho pues mucho me ha dado.
Si vierais cómo nos queremos aquí en la Trapa; hoy, como es natural, todos, si me pillan en algún pasillo, me dan un abrazo... Y en silencio nos alegramos mutuamente...
Bueno, muchas cosas os contaré en mi próxima carta, pero ahora me voy a dedicar a hacer una Cuaresma fervorosa, por todos los hombres que hay en el mundo que no se acuerdan de Dios.
Os da un abrazo y, algo más, a todos, vuestro hijo el novicio cisterciense
Fray María Rafael
Ya te mandaré la Salve, pero primero tienes que oírla.

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